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Julián Herbert y Luis Jorge Boone: Dos aproximaciones distintas a la revolución mexicana |Video

En 2010 Julián Herbert (1971) y Luis Jorge Boone (1977) fueron invitados a participar en Graduación, obra colectiva que incluyó a seis autores coahuilenses. Cada uno aportó un relato relacionado con la revolución mexicana.

Boone publicó “Breve fuego de disparos nocturnos” y Herbert “Un día de fiebre”. Por iniciativa de León Plascencia Ñol, ambos cuentos dieron vida a El polvo que levantan las botas de los muertos, volumen cuya segunda edición es cortesía del sello Era.

Más allá de los elogios, lo cierto es que la amistad de los dos narradores ya rebasa los 25 años. A fuerza de lecturas y diálogos han tejido una serie de complicidades literarias, que permite que los textos se lean de una manera complementaria y no sólo eso, además aportan visiones renovadas sobre un periodo culminante de la historia del país.

Los relatos provienen de una novela colectiva que circuló en 2010. ¿Cómo fue su reencuentro con los textos?

Julián Herbert: En realidad esta es su tercera ronda, primero fue una novela colectiva con seis autores coahuilenses. En 2013 hubo otra edición con estos dos relatos ya fuera de aquel libro. Para mí implica un reencuentro con Luis Jorge porque el diálogo con él es y ha sido constante.

Luis Jorge Boone: Julián es uno de mis amigos más viejos: tenemos 25 años de amistad. Algunas de las mejores cosas de mi vida me han pasado porque le dije “sí”. Este libro me gusta mucho porque en su momento fue una experiencia nueva. Siempre he dicho que de él aprendí muchísimo, me sacó la cabeza de Monclova. Desde entonces hemos mantenido un diálogo de acuerdos y desacuerdos, de descubrimientos.

JH: En el libro hay también una versión experimental del taller. Nunca corregimos juntos, aunque sí partimos de una idea general. Quizá influyó saber que Luis Jorge sería mi lector. Nunca nos pusimos de acuerdo, pero es verdad que ambos relatos tienen una narrativa que dialoga y se tensa al mismo tiempo. En realidad, el último repaso lo hizo León Plascencia, para la primera edición y quien además le puso el título, es como el músico que no sale en los créditos, pero grabó.

En realidad, los relatos se complementan. El de Luis Jorge es sobre un soldado anónimo y el de Julián, es sobre alguien que busca la posteridad.

JH: Gabriel Calzada es un personaje histórico, hay pocos datos sobre él. Me interesaba seguir su historia para hacer una parodia de los personajes de Stendhal, quienes tienen sueños de grandeza.

LJB: Yo quería contar la batalla y me parecía que no había documentos en los que basarme para adoptar un personaje histórico, por eso inventé uno. Investigué la atmósfera, la construcción, las fotos de la época, el tipo de luz que había entonces. Me preocupé mucho de lo material para mostrar el sinsentido que es una batalla a oscuras en esas condiciones. Ahora sabemos que en las guerras las batallas muchas veces no son los juegos de ajedrez que nos hicieron creer. La lógica suele ser sustituida por el instinto. Quería dar una visión de la guerra muy a ras de piso.

¿Cómo recuerdan el momento en que escribieron ambos relatos?

JH: Trabajé catorce años en la burocracia y el retrato de Gabriel Calzada está atravesado por ese sentimiento y por el desengaño político que produce tener cierto ideal que de pronto se transforma en nada. Creo que eso no ha cambiado mucho. Afortunadamente llevo 14 años sin trabajar en la burocracia, pero me doy cuenta de que eso sigue funcionando igual. Creo que ambos personajes comparten un dolor físico, pero no por la herida sino por el malestar y eso es algo con lo que sigo conectando.

LJB: Los personajes son cuerpos y un estado de ánimo que de pronto los deja sin armas para defenderse. Las fuerzas de la historia funcionan con seres humanos con necesidades y límites. Cuando escribí mi relato yo era muy consciente de mis dolores, no podía estar más de media hora sentado sin que me molestaran las lumbares. El cuento me enseñó a observar algo: todos mis personajes tienen algún tipo de dolencia, son ese tipo de enseñanzas las que con el tiempo valoras. Fue la primera vez que hice una investigación histórica. Más que las circunstancias de escritura, me acuerdo de lo que ese relato me enseñó.

Otro elemento que hace complementario al libro es la distinta aproximación a la revolución que hace cada uno.

JH: A mí me interesaba mucho hablar de la educación. Mi relato cuenta un momento histórico como es la asistencia de Venustiano Carranza a la graduación de los estudiantes de la Normal, es decir, la idea de educación y cultura para un país sumido en la barbarie. A partir de ahí hay una tensión con lo institucional. Quería espacios cerrados por eso mucho de lo que se cuenta de Gabriel ocurre en oficinas.

Hay quien cree que la literatura de la revolución se acabó, sin embargo, sus relatos muestran que no y que son posibles nuevas revisiones al tema.

LJB: El catálogo de Era es una muestra de que estas relecturas constituyen un catálogo vivo. Cuando le conté a Marcelo Uribe, director del sello, me dijo que le habría encantado que el libro estuviera en Era, pero ahí quedó, hasta ahora que lo retomó. El catálogo de Era siempre ha sido una lectura alternativa de las historias oficiales que durante mucho tiempo circularon a gran escala.

JH: Hay una ligera confusión generada por los estudios literarios en México. Pareciera que la novela de la revolución es un género o un movimiento, cuando la revolución como tal es un tema. La novela de la revolución sí está muy fechada, pero la literatura mexicana ha revisitado constantemente este mecanismo de excepción. Pedro Páramo, Gringo viejo o Los relámpagos de agosto, son novelas de la revolución, entonces creo que seguiremos revisitando el tema por la misma razón que Faulkner revisitaba la Guerra Civil. Por otro lado, una de las cosas que reajustan estos espacios simbólicos es la preocupación técnica. Tanto para Luis Jorge como para mí este libro representó un gran esfuerzo técnico, son textos un poco excéntricos. La técnica del narrador que utilizo casi nunca la uso y la forma del diálogo de los dos textos es muy particular. Lo que más me gusta de este libro es la técnica de composición.

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