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Crean el monstruo y luego lo ahorcan | Artículo

Por Alberto Vizcarra Ozuna

En la dinámica de una empresa criminal, nadie es imprescindible; todo es sacrificable con tal de perpetuar la empresa. A eso nos remite la noticia de que Genaro García Luna, el otrora laureado Secretario de Seguridad de México, en la administración del presidente Felipe Calderón Hinojosa, haya sido declarado culpable por un jurado del Distrito Este de Nueva York, de delitos que le anticipan una condena que puede alcanzar, desde los 20 años hasta la cadena perpetua.

Se le declaró culpable de participar en una empresa criminal, de conspirar para obtener, importar y distribuir miles de kilogramos de cocaína en los Estados Unidos, además de hacer declaraciones falsas a funcionarios estadounidenses y recibir sobornos millonarios de cárteles de la droga. Con la declaración de culpabilidad del ex secretario de seguridad mexicano, se le ha dado un zapatazo a un charco, que no solo salpica a la administración calderonista, el lodo alcanza a llegar a Vicente Fox, sin dejar de comprometer a la administración de Andrés Manuel López Obrador, pues los volúmenes de exportación de droga al mercado de consumo estadounidense durante el periodo comprendido por las administraciones anteriores, no ha disminuido, se mantiene hasta este momento, con agregados exponenciales de drogas sintéticas como el fentanilo.

Aunque el presidente López Obrador ve en el hecho la gran oportunidad para el descrédito de sus oponentes electorales, la culpabilidad de García Luna, pone en cuestión un asunto fundamental: el papel de las agencias de seguridad y anti drogas de los Estados Unidos, como la CIA, el FBI y la DEA. Es inverosímil que la intensa carrera criminal del ex secretario de seguridad de México, quien por más de una década mantuvo relación con esas entidades al otro lado de la frontera, haya logrado hacerlo sin que estas tuvieran conocimiento de su conducta. Más cuando la historia ha consignado, desde las memorables guerras del opio del imperio británico contra China (1839-1860), que el narcotráfico es un instrumento inherente a las políticas coloniales que reclaman subyugación y predominio.

Tampoco es desconocido que sobre el gobierno norteamericano se han montado políticas que bajo justificaciones ideológicas han alentado el intercambio de armas por drogas, como ocurrió en las administraciones de Reagan y Bush, para avituallar a los llamados “contras” en Centroamérica. Con tal operación llenaron de cocaína colombiana a los estados de Florida, California y Arizona. Se trata del sometimiento de gobiernos enteros a estamentos financieros privados, que por medio de la banca internacional, gracias a su condición desregulada, pueden mover cientos de miles de millones de dólares que terminan por ser lavados en el sistema financiero de occidente.

Es este sistema el que crea monstruos como García Luna y luego los ahorca en público, para el descrédito de las instituciones del país al que han venido sometiendo durante las últimas cuatro décadas, hundiéndolo en la violencia criminal, en la pobreza, el desempleo y el estancamiento económico. Es una estructura que no tiene preferencias partidistas, está en contra de México; pero el horizonte futuro del presidente López Obrador se reinventa en cada proceso electoral. En mucho, para él, el estadismo consiste en ganar elecciones. No quiere percatarse de que la ofensiva contra la nación, está montada por un aparato que no reparará en vincular el caso de García Luna con prominentes integrantes de su gobierno o con él mismo, como ya quedó advertido en el juicio que declaró culpable al ex secretario de seguridad del gobierno de Felipe Calderón.

Se empuja en forma creciente el sentimiento de que la guerra contra las drogas es un fracaso, cuando en realidad, casos como el de García Luna y otros de esa dimensión, demuestran que dicha guerra ha sido una simulación, en la medida en que el componente financiero de los delitos asociados al narcotráfico se mantiene intocado. Por los volúmenes de dinero implicados en el narcotráfico internacional, resulta evidente que las estructuras bancarias mundiales, necesitan los flujos del narcotráfico más de lo que los llamados carteles de la droga necesitan a los bancos. Como se ha demostrado en distintos estudios, el beneficiario de principio a fin, en las operaciones del narcotráfico, es el sistema bancario mundial, pues las cantidades estratosféricas de dinero, ni pueden esconderse debajo de los colchones, como tampoco pueden dormir debajo de las almohadas.

No hay forma de que el narcotráfico pueda existir si se cuenta con un sistema bancario y con estructuras financieras realmente reguladas. Se niega esa posibilidad para argumentar a favor de la legalización de todas las drogas, tanto las calificadas inmerecidamente como blandas y las duras. Lograr la regulación de la banca por parte de los estados nacionales soberanos para evitar el lavado de dinero y cortarle con ello las venas al narcotráfico es perfectamente factible. Hacerlo reclama un consenso y una coordinación internacional de las naciones del mundo, que al liberarse de ese flagelo, pueden abrirle paso a una nueva arquitectura financiera y de seguridad mundial que haga posible un mundo alejado de la guerra y de la terrible violencia e historias de dolor vinculadas a las drogas

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