Este viernes 10 de marzo ocurrió un hecho por demás relevante para la libertad de expresión en este país. La periodista Nayeli Roldán del medio de comunicación Animal Político, acudió a la conferencia mañanera de Andrés Manuel López Obrador para cuestionarle sobre el espionaje al que ha sido sujeto el defensor de Derechos Humanos, Raymundo Ramos, a través del sistema Pegasus.
Al responder, el presidente señaló que en su gobierno no hay espionaje pero hay labores de inteligencia por parte del Ejército respecto a ciertos personajes.
“Se tiene que hacer la investigación, que no espionaje, es distinto, y el instituto de inteligencia del gobierno hace investigación, porque nosotros sostenemos que es muy importante hacer la investigación, inteligencia para no usar la fuerza, es mejor la inteligencia que la fuerza. Sí estoy enterado del reportaje que hicieron, pero no hay ninguna ilegalidad”, dijo.
La respuesta es tan inverosímil como la vez que intentó defender a su hermano Pío, evidenciado por recibir dinero en efectivo. En esa ocasión dijo que no eran actos de corrupción, sino aportaciones a su movimiento de transformación.
Uno de los ángulos relevantes del hecho del viernes es la forma en que López Obrador fue ‘movido’ de su zona de confort en la conferencia, pues está muy acostumbrado a recibir preguntas a modo por parte de ‘reporteros’ y ‘youtuberos’ para que pueda expresarse con libertad hasta por una hora con una sola pregunta, pasando por clases de historia, anécdotas, etc. y sin realmente responder algo claro y conciso.
Recuerdo que, en noviembre de 2020, en Estados Unidos se dio un hecho que causó mucha controversia y un fuerte debate sobre el papel de los medios y su responsabilidad de informar en un contexto con gran carga política y de difusión masiva.
Cuando el entonces presidente Donald Trump daba un discurso desde la Casa Blanca, donde aseguraba: “esto es un fraude al pueblo estadounidense, es una vergüenza para nuestro país”, las principales cadenas de televisión como MSNBC, ABC, CBS y NBC interrumpieron la transmisión y sus respectivos conductores argumentaron que el presidente estaba mintiendo y desinformaba a la audiencia, razón por la cual no se permitió de transmitir el mensaje.
En MSNBC, el presentador Brian Williams argumentó que el discurso de Trump “no se basa en la realidad”, mientras que la CNBC, a través de Shepard Smith, señaló que “lo que el presidente de Estados Unidos está diciendo es, completamente falso”.
Lester Holt, de NBC, comentó: “tenemos que interrumpir la emisión ahora, porque el presidente ha hecho varias afirmaciones falsas”. En tanto, Jonathan Karl, de ABC, sostuvo que: “el presidente hizo una serie de salvajes e infundadas acusaciones y abandonó la sala sin aportar ninguna evidencia de votos ilegales y sin contestar a una sola pregunta de los periodistas”.
En el caso de Univisión (que llega a cientos de miles de televidentes hispanos), el periodista Jorge Ramos apuntó que la transmisión fue interrumpida porque “parte de lo que ha dicho el presidente Donald Trump son mentiras. No es cierto lo que ha dicho, respecto a que votos ilegales evitan su victoria”.
Otras cadenas como Fox News y CNN dejaron el mensaje íntegro, aunque esta última publicó un cintillo donde se leía: “Sin pruebas, Trump dice que le están engañando”.
Este inédito hecho sentó un precedente en ese país, ya que deja el supuesto de actuar de la misma forma con cualquier dirigente político, estadounidense o no, si se sospecha que lo que está diciendo es falso o podría constituir un engaño.
La dicotomía del periodista se basa en actuar día a día entre sus preferencias, ideologías, propósitos, intereses y su responsabilidad de informar. Más allá de la opinión que se pueda tener de un personaje, sea quien sea, el deber del comunicador debe radicar en informar y transmitir la información para que el público esté enterado.
El objetivo del periodista es dar voz y espacio a cada protagonista de esas versiones para que televidentes, radioescuchas o lectores, puedan hacerse de una opinión más informada sobre un hecho.
Lo ocurrido por parte de las cadenas de televisión estadounidenses fue coartar el mensaje de un personaje y dejar a medias la opinión que los televidentes pudieron haberse hecho. Si a su juicio, las declaraciones eran mentiras, su responsabilidad era contrastar esos dichos con otros protagonistas de versiones contrarias, para, en todo caso, evidenciar dichas mentiras.
El objetivo de un periodista no debe ser convencer de algo en beneficio personal o de unos cuantos, sino mostrar toda la diversidad de ángulos de un mismo tema para que la audiencia tome sus propias opiniones y decisiones.
Sin embargo, no podemos ni debemos menospreciar que en México, de acuerdo con Luis Estrada, especialista político y director del taller de comunicación política SPIN, López Obrador ha dicho más de 100 mil mentiras con un promedio de 103 mentiras por conferencia mañanera, un 230% más que Trump en sus cuatro años de gobierno.
La cruda realidad mexicana gira en torno en ese momento en que el presidente es cuestionado de verdad y este responde que “no es a partir de lo que a ustedes (los medios) les conviene. Ustedes no van a poner la agenda (…) no hay objetividad, no hay profesionalismo, es una prensa tendenciosa, vendida, alquilada, al servicio de los corruptos, entonces porque les vamos a hacer el caldo gordo a ustedes”.
Fue en Estados Unidos en 1971, cuando el presidente Richard Nixon y su gobierno se lanzaron contra el New York Times y el Washington Post por la publicación de archivos del Pentágono sobre la guerra de Vietnam.
El caso llegó hasta la Corte Suprema, donde la resolución del juez Hugo Black decía: “Los padres fundadores le dieron a la prensa libre la protección que debe tener para hacer su función esencial en nuestra democracia. La prensa debe servir a los gobernados, no a los gobernantes”.
Casi medio siglo después esas palabras deben seguir más vigentes que nunca.