Rebelión
Nacional

“El género mayor de México ha sido la crónica”: Héctor de Mauleón

Heredero de la gran tradición de cronistas mexicanos, Héctor de Mauleón (1963) es un apasionado de la ciudad de México. No niega una relación un tanto neurótica con la capital del país y en cambio sí reconoce su interés por tender puentes entre el pasado y el presente.

Producto de sus lecturas, caminatas e investigaciones, es la serie La ciudad oculta (Planeta), de la cual recién circulan los tomos 3 y 4, y tiene en preparación los volúmenes 5 y 6. A través de las crónicas, el escritor escudriña en los secretos de una metrópoli que recién cumplió 500 años.

¿Hay un nuevo interés de los lectores por conocer la historia de la Ciudad de México?

La ciudad perdió su memoria paulatinamente. La relación entre el pasado y sus habitantes está erosionada y cercenada, por es muy placentero hacer una especie de minería histórica para volver a encontrar la conexión entre las cosas. Estos libros forman parte de un proyecto de regeneración de la memoria que durante mucho tiempo ha involucrado a los cronistas.

En distintos momentos has dicho que recorres la ciudad con la curiosidad de un niño, ¿cómo convive esa sensación con el horror cotidiano de tus columnas?

Forma parte de lo mismo. Como cronista no puedes cerrar los ojos, tienes que dejar registro de lo que sucede en la vida diaria. Cuando menos me di cuenta ya estaba atrapado entre el pasado y el horror que vivimos de manera desatada desde hace tres lustros. Me desesperaba ir a la hemeroteca y encontrar noticias de las batallas de la revolución, pero muy pocas notas de la vida diaria, de cómo vivía la gente. Esa frustración me hizo pensar que tal vez en cien años alguien busque en las hemerotecas cómo se vivía en los años de la narcopolítica.

¿500 años después de su fundación qué tipo de ciudad es la CDMX?

Dejó de ser aquella ciudad que no pasaba de la Alameda y se convirtió en una megalópolis que, como decía Monsiváis, ya roza el Apocalipsis. Una ciudad desbordada y desaforada. Sin embargo, sigue atada a su centro por eso llama la atención de la gente. A pesar de que podemos odiarla por sus congestionamientos y marchas infinitas, al mismo tiempo la amamos. Tenemos una relación de neurosis espantosa con la ciudad. Sabemos que ya no da más, pero un día sales a camina te encuentras con un cielo despejado formidable que te deja ver los volcanes, y sientes que estás en uno de los lugares más hermosos del planeta.

Ahora vives en Satélite, ¿eso es parte de tu relación amor-odio son la ciudad?

Un poco, aunque en realidad buscaba un lugar donde pudiera meter los libros. La colonia Roma se puso de moda y ahora las rentas son impagables.

Satélite nació como una suerte de sueño para la ciudad.

Sí, fue un sueño fracasado. Era un proyecto muy interesante de darle a la ciudad una fisonomía y estilo que muy pronto quedó rebasado por el Estado de México que creció sin medida ni planeación. La ciudad de los palacios terminó convertida en una zona de vecindades abandonadas por la ley de rentas congeladas donde ni propietarios ni inquilinos invertían a los edificios, por eso crecimos en un Centro en ruinas. En medio de todo eso la ciudad acaba de cumplir 500 años y en sus calles han ocurrido cualquier cantidad de historias. Epopeyas, días de luto, días de gloria y días de horror. En una librería de viejo encontré Diario de asuntos notables, de Antonio de Robles, una persona rarísima que durante 35 años salía a las calles de la Nueva España y al regresar a su casa anotaba en un diario las cosas más importantes: quemaron a un negro por somético; tembló durante tres credos, la gente medía así la intensidad; se cayó el virrey del caballo. En sus diarios puedes encontrar cosas formidables y desfila la vida de la ciudad. Poder exprimir ese diario y colocarlo al lado del día en que el Halcón Peña metió un gol y por primera vez la gente se fue a celebrar al Ángel, en el Mundial de 1970 o del día en que la gente salió a acompañar el féretro del poeta Manuel Acuña quien se suicida en la Escuela de Medicina, me parecía interesante.

¿Puedes establecer una analogía entre esta época con alguna anterior de la ciudad?

Tendemos a idealizar el pasado. Probablemente estamos viviendo la mejor época, aunque perece un periodo muy duro. Durante la época de la Nueva España la mayoría de la gente andaba descalza en otro momento los caneles eran de aguas negras porque el nivel de los lagos había bajado. Los primeros 250 años no hubo alumbrado público y encontrabas todo oscuro, era peligroso. Nunca ha sido fácil vivir aquí. Ha habido momentos de esperanza como cuando en el Porfiriato empezaron a llegar los grandes adelantos científicos: los rayos X, los automóviles, el cine o teléfono. No es algo que se dé por el Porfiriato sino porque había un auge de la ciencia en todas partes. Hoy, ese futuro se canceló y lo que parecía promisorio se volvió contra nosotros. Hoy la chimenea de una fábrica no es símbolo de progreso sino de daño al planeta. Antes era una ciudad caminable, la tradición de las cafeterías desapareció. La historia de la ciudad ha transcurrido entre esos polos.

¿La violencia ha desplazado a la crónica costumbrista citadina?

El género mayor de México ha sido la crónica. A pesar de que hay grandes cuentistas, novelistas y poetas, el género que se mantiene desde 1554 y sin parar es la crónica. Gracias a eso hemos podido leer cómo ha evolucionado la ciudad hasta los años de José Joaquín Blanco quien, junto con Monsiváis, es el último gran cronista. El gran periodismo mexicano durante el siglo XIX lo hicieron los cronistas. Los periódicos se engalanaron con las plumas de Payno, Guillermo Prieto, Manuel Gutiérrez Nájera, Amado Nervo, José Juan Tablada, ellos formaron la gran tradición del periodismo narrativo. Grandes periódicos como Monitor republicano, los contrataron para narrar escenas de la vida cotidiana de la que entonces era una nación recién independizada y en busca de su identidad. Llegamos al siglo XX con la irrupción deslumbrante de Salvador Novo, quien mejora y condensa todo lo hecho. Continua la tradición en los diarios donde siempre hay espacio para un relato de costumbre. Recuerdo una crónica de Carlos González Peña que habla del tranvía que sale del Zócalo y narra de cómo según la hora cambian los usuarios. Todo va formando la historia de la ciudad hasta que llegan Poniatowska, Carlos Monsiváis o José Joaquín Blanco, cuando la crónica abarca muchos espacios de la prensa en los setenta y ochenta. La gran tragedia es cuando llega el periodismo texano y nos dice: la gente no quiere leer sino informarse, pon infografías y déjate de rollo. A partir de ese momento se publican notitas de color nada más y la enorme tradición de periodismo mexicano se refugia en libros.

¿Pero no es por la violencia? Finalmente hay crónicas de masacres…

En principio es por un proceso industrial del periodismo, después coincide la violencia que lo abarca todo, pero creo que todo se debe al uso de la imagen. Desde luego más adelante todo se llenó de sangre.

Abres el libro con un epígrafe de John Steinbeck: Una ciudad tiene emociones colectivas. ¿Qué tipo de emociones encuentras ahora en la Ciudad de México?

Hoy priva el odio, diría que la historia secreta de México ha sido el odio. Desde Iturbide hasta nuestros días lo que ha estado detrás de los acontecimientos políticos es el deseo de aniquilación del otro. El país siempre ha sido muy cabrón en esos términos. Cae Iturbide y quedan dos proyectos que se quieren imponer y como no llegan a un acuerdo se terminan balanceando. A partir de ese momento empieza un siglo donde desfilan los presidentes y se genera un descontrol tal que lleva a la pérdida de territorio. Cuando llega la invasión norteamericana los mexicanos estaban enfrentados entre sí. Esto propició que la siguiente generación fuera todavía más radical. Porfirio Díaz aplaca ese odio a mano dura, con cárceles y persecuciones, pero resurge con la revolución. El PRI intentó controlarlo mediante la persecución, la compra, etc., y ahora ese odio ha vuelto a despertar. Artificialmente divide al país en dos porque nadie puede conservador o liberal a la manera de Juárez. La resurrección del odio tardará años en curar.

Enlace a la fuente

Notas relacionadas

Jim Carrey entre los 100 canadienses vetados por Rusia

Rebelion

Más de 600 niños abusados por la Iglesia católica en Maryland

Rebelion

Murió Carlos Payán Velver, fundador del diario La Jornada

Rebelion