Apenas descubre uno de los yacimientos más grandes del mundo en Sonora, la minera canadiense Inuit Mining Corporation presiona a Ana Ochoa y otros pobladores para vender sus tierras a precios irrisorios. Con la complicidad de autoridades locales y la participación del narcotráfico, los empresarios canadienses harán todo lo que sea necesario para conseguir el control del llamado oro blanco.
En tono de thriller, el novelista Imanol Caneyada (1968) publica Litio (Planeta), una obra que desde la ficción traza la relación entre algunas empresas mineras con el crimen organizado.
Supongo que comenzaste a trabajar la novela antes de que el tema del litio formara parte de la agenda nacional. ¿Qué te llevó a escribir el libro?
El tema minero siempre me ha interesado debido a los estragos que la minería ha generado en Sonora y sobretodo a la impunidad con que trabajan las empresas extractivas sean nacionales o extranjeras. Anteriormente en mi novela Nómadas hablé de cómo las mineras son capaces de dejar un lugar tras su explotación. En el caso de Litio, me interesé en el tema porque hace diez años llegaron a explorarlo en Sonora, por lo mismo la novela está ubicada en 2014 cuando en México todavía no había conciencia del valor de ese mineral, sin embargo, ya estaban ahí los canadienses y los chinos.
En el caso de México esto se liga también al crimen organizado.
Sí, hay una serie de voces que desde hace años señalan la coincidencia que hay en México entre el mapa minero y la violencia. Es sorprendente ver cómo en las regiones donde hay más impunidad y muerte hay una extraordinaria actividad minera. Se ha señalado una y otra vez cómo las mineras se han servido del crimen organizado para desplazar a las comunidades o eliminar a las voces incómodas que se oponen a sus proyectos. A pesar de que en el país la violencia es el gran tema, la estrategia del crimen organizado como el gran brazo del capitalismo extractivista no nos queda muy clara.
En los últimos años precisamente hemos visto activistas asesinados…
Esto ha existido desde hace muchos años, pero estaba muy silenciado. Salinas de Gortari reformó la ley minera en beneficio de las trasnacionales y de los grandes grupos nacionales, al hacerlo les permitió arrasar sin miramientos. Durante los sexenios de Fox, Calderón y Peña Nieto fue una locura: las concesiones se daban como caramelos. Ninguna de las mineras que trabajan en México tienen estudios de impacto ambiental y tampoco hicieron consulta alguna con las comunidades. Además, gozan de exenciones de impuestos. Hoy el tema ambientalista es urgente y la ausencia de agua ha sido tal que están empezando a salir a la luz las políticas irresponsables y homicidas que durante muchos años permitieron que las mineras explotaran el territorio sin acotamiento alguno. Muchas concesiones se otorgaron de manera ilegal y necesitan ser revisadas, incluyendo la reforma de la ley minera.
¿Qué opinión tienes de la expropiación del litio por parte del gobierno federal?
Me parece una medida que favorecerá al país, si se hace de manera inteligente. Todavía no sabemos cómo operará la empresa estatal, pero que de entrada el Estado se convierta en fiscalizador y controle un mineral estratégico me parece una pequeña ganancia. Sin embargo, es verdad también que el Estado mexicano no tiene la capacidad económica ni tecnológica para explorar y explotar. Salvo el yacimiento que está en Sonora y que en breve será explotado por una empresa china, todos los demás están en fase de exploración, todavía hay mucha especulación. Ahora vemos en Europa las consecuencias de lo peligroso que es entregar a manos privadas el manejo de recursos energéticos estratégicos.
Tus novelas siempre tienen un toque policiaco, pero creo que se da de manera natural porque parten del realismo.
Gabriel Trujillo dice que el género negro es el costumbrismo mexicano. A mí no me gusta pensar de manera tan pesimista, pero es verdad que el género te da elementos para penetrar en las realidades que me interesan. Para mí, la literatura negra es un tono y una estrategia para hablar de los enigmas del ser humano.
Uno de los ejes de tu literatura es la denuncia contra la impunidad. ¿Eres optimista respecto al enfrentamiento de una mujer o un hombre contra esta condición?
Mi optimismo es cíclico, de pronto puedo verlo al observar ciertas acciones o estrategias de distintos grupos sociales, pero eso me sucede cada vez menos. Tal vez tenga que ver con la edad, pero cada vez creo menos en las posibilidades de transformación del ser humano.