Durante 2021 el antropólogo social, Claudio Lomnitz (1957) dictó su primer ciclo de conferencias como miembro de El Colegio Nacional. A lo largo de las pláticas analizó lo que considera una nueva forma de Estado mexicano cuyo origen se encuentra en las prácticas neoliberales de los años ochenta y que hoy repercuten de manera directa en la forma en que se enfrenta al crimen organizado.
Aquellas ponencias, recién se publican en forma de libro y bajo el título El tejido social rasgado (Era), un volumen que visto en conjunto analiza las raíces económicas y políticas de la actual crisis de violencia.
¿Qué lo lleva a reunir estas conferencias en formato de un libro?
Desde un principio estaba pensado así. Son conferencias de investigación donde busco movilizar ideas de la antropología social para tratar de entender la situación de violencia en el país. Interrogo al Estado y lo que ha pasado con él.
En principio hace un diagnóstico demoledor: sostiene que es una nueva forma de gobernar lo que ha dado como resultado la situación actual.
Mi punto de partida es que hemos estado en un proceso de transformación profunda del Estado mexicano. Durante una época se pensó en el cambio como una transición democrática, cosa que ocurrió, pero que no comprende bien lo sucedido. El gobierno actual se ve como algo aparte de lo que lo precedió, cuando en realidad me parece una consecuencia de lo anterior. Creo que estamos ante un nuevo Estado que primero necesitamos caracterizar para después nombrarlo. Este nuevo Estado se gesta a fines de los años ochenta del siglo pasado con las reformas de las ideas neoliberales.
¿Cuáles son los rasgos de este Estado y cómo se ha mantenido incluso ahora con un gobierno que se asume anti neoliberal?
Este nuevo Estado se caracteriza por mucha soberanía y poca administración, sobre todo de justicia. Invierte cada vez más en el poder central y presidencial, por ejemplo, en las fuerzas armadas y el Ejército. Al mismo tiempo que concentra recursos ha perdido la capacidad de regular mercados lícitos e informales, eso tiene que ver con viejo el PRI cuyo método partía de centralizar todo en un solo partido. Con la entrada del neoliberalismo que implicó la democratización y el fortalecimiento del sistema pluripartidista, se perdió la verticalidad. Los gobiernos desconfían cada vez más de los poderes locales y prefieren centralizarlos. El gobierno actual continua en esa dirección e incluso la ha acelerado, pese a ser efectivamente antineoliberal.
¿La nueva Guardia Nacional y el control que se le otorga es consecuencia de todo esto?
Es una consecuencia, aunque no creo inevitable. A cada paso hay diferentes opciones, pero sí es congruente con esta tendencia. En el libro dedico dos capítulos a entender qué pasó con las policías y cómo el gobierno perdió el control de ellas. Planteo que tiene que ver con ciertas políticas deliberadas del neoliberalismo, pero también con prácticas involuntarias. Durante los ochenta y noventa la economía del narcotráfico se transformó y México empezó a ser un espacio a través del cual se mueve la cocaína, y no solo la mariguana y la heroína. Ahí se dio un cambio de escala que hizo crecer el poder de la economía ilícita. Los gobiernos centrales empezaron a desconfiar. En los sesenta y setenta, y no se trata de glorificar al viejo PRI, se tenía la posibilidad de acotar el poder de las policías locales, pero cuando esto se rompe las policías locales empiezan a depender del mejor postor, es ahí cuando surge este nuevo Estado.
¿Qué piensa de tesis como las de Luis Astorga u Oswaldo Zavala, quienes plantean que la guerra contra las drogas obedece a la narrativa de Estados Unidos?
Lo que sucede en las economías ilícitas excede cualquier uso político que se les quiera dar y eso incluye al poder de las agencias de los Estados Unidos. Siempre que surge un poder importante como el de la economía ilícita, se busca expresar políticamente, pero me parece que el dinamismo de estas economías siempre excede esta capacidad. No creo que esta historia se pueda contar a partir de las relaciones internacionales, sino desde un análisis de dinamismo económico y de las fuerzas políticas que intentan canalizarlo. El prohibicionismo, sin duda, tiene un poder central en la economía del narcotráfico. Al principio del capitalismo el oro y la plata tuvieron un poder catalizador, sucede lo mismo con el narcotráfico, pero esto no significa que se quede encerrado en este rubro porque es muy lucrativo, al contrario, puede incluir más. Me parece que esto tiene que ver con la tensión básica de la globalización: las dificultades de los estados nacionales para regular la economía porque excede sus límites territoriales.
¿La lógica para combatir el narcotráfico tendría que ser económica?
Necesita haber una lógica económica. El presidente López Obrador tenía una idea que me parece importante, aunque insuficiente y no muy bien investigada: la noción de que la gente entra al crimen organizado porque no tiene alternativas económicas. Crear un esquema de desarrollo alternativo es un paso fundamental me parece bien, lo que sucede es que se necesita estudiar esta economía y ver si se tiene una estrategia de desarrollo adecuada a cada situación. En lugar de eso hemos visto una prolongación del esquema asistencial inventado en la época neoliberal. Los sistemas de transferencia directa se desarrollaron en Latinoamérica durante la época neoliberal, pero con mucha facilidad se trasladaron a los gobiernos de izquierda o derecha. En el fondo me parecen una curita ante la falta de una estrategia de desarrollo regional. Otro problema es que las economías ilícitas a veces son bastante dinámicas, por eso no se resuelven con un subsidio. A nivel de política pública hay muchos prejuicios y relativamente poca investigación. Gente como Luis Astorga, Salvador Maldonado o Natalia Mendoza han hecho trabajo de campo que hoy nos permite tener una idea más concreta sobre lo que pasa con los sembradores de mariguana o sobre el control que ejerce del crimen organizado. El periodismo mexicano ha hecho una investigación importante y cada vez realiza análisis más sofisticados. Los simplismos pueden ocasionar terribles consecuencias como fue la declaración de guerra contra las drogas. La pobreza es un contexto, no solo una causa.
La estrategia del presidente pretende atender las causas de fondo, pero esto es a largo plazo. Sin embargo, la violencia se mantiene y se necesitan medidas casi inmediato. ¿Cómo encontrar un punto medio?
Hay que reconocer que en México hay bastante angustia y ansiedad entorno a lo que podría ser una crisis comunitaria que incluye la familia. Cuando hay una crisis del Estado, hay una transformación social. No podemos recaer únicamente en las instituciones tradicionales, pero tampoco glorificar a la familia de cara a la incapacidad del Estado para regular lo que sucede. Hoy se promueve un neotradicionalismo a nivel del tejido social que proviene del propio Estado, el problema es que tenemos una sociedad más compleja de lo que era hace cincuenta años y necesitamos reconocerlo. Un ejemplo importante nos lo dan los familiares de los desparecidos, especialmente las mujeres que salen de sus contextos tradicionales, se exponen a peligros considerables, enfrentan al Estado y tejen redes incluso nacionales. Esos movimientos son una reconstrucción de tejido social no tradicional. Estoy seguro de que hay otras formas y deberíamos de estar más atentos de esa clase de casos para poder reconstruir una sociedad más solidaria y que no siempre recaiga en las instituciones tradicionales que parecen ser insuficientes.