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Arturo Nava, escenógrafo, iluminador, maestro

CIUDAD DE MÉXICO (apro).–Este 26 de enero falleció el gran escenógrafo e iluminador Arturo Nava. Con 400 trabajos en esta profesión, dejó un abanico amplísimo de propuestas estéticas que nutrieron el acontecer teatral en nuestro México. Su solidaridad, generosidad y trabajo desinteresado para con los hacedores del teatro fue de gran aprecio para la comunidad, junto con la admiración que muchos le profesábamos.

Dedicó su vida a la docencia e investigación y fue parte fundamental del equipo de maestros en la Escuela de Arte Teatral del INBAL, tanto en la licenciatura como en la maestría. Sus clases de iluminación y escenografía estaban abiertas y siempre había algo nuevo que aprender.

En 2015 dejó su legado en dos libros fundamentales donde conjuntó su larga experiencia, publicados por Paso de Gato con un DVD: Fundamentos del diseño escenográfico e Iluminación escénica. Procedimientos del diseño. Fotos de obras con sus propuestas acompañan sus conceptos, perspectivas y metodología de la escenografía y la iluminación, acompañado de dibujos, croquis e indicaciones de las múltiples incidencias de la luz. Los libros conforman un manual para los que se inician en esta aventura, y las imágenes dejan constancia de lo que tanto en la iluminación como la escenografía marcó su carrera.

Egresó de la Facultad de Arquitectura, y gracias a la entrevista y la investigación de Giovanna Recchia, la especialista del CITRU fallecida en 2019, conocemos más de su vida en el teatro; y no sólo de Nava, sino de muchos otros escenógrafos. Cuenta Nava que el interés por la escena inició durante su carrera integrándose al grupo de teatro de Hugo Galarza. Fue alumno de Luis Macouzet, Luisa Godman y Julio Prieto, entre otros. Con éste, aprendió las bases de la infraestructura teatral; remodeló teatros en toda la República, primero con él, y a su muerte bajo su responsabilidad.

Se estrenó en los escenarios como escenógrafo e iluminador con la obra de Rafael Pimentel Eurídice, que presentaron en el teatro Santa Catarina en 1983. Un trabajo de pantomima moderna que impactó en su tiempo. De las obras que él recuerda y que le significaron mucho, está La Orestiada, que dirigió José Solé un año después y que se estrenó en el Festival Internacional Cervantino, y después fue al teatro Juan Ruiz de Alarcón de la UNAM.

Arturo Nava trabajaba muy de cerca con el director y la directora. Era un gran escucha y podía traducir las inquietudes y propuestas que se le planteaba en imágenes escenográficas con una iluminación integral, creando atmósferas sorprendentes. Tuve la oportunidad de trabajar con él como directora en La coincidencia, de Leonor Azcárate, estrenada en el teatro Helénico en 1998, y se involucró auténticamente en el proyecto Destino escrito en el Círculo Teatral en 2012, diseñando un dispositivo escénico modular para tres obras de autores formados en el taller de dramaturgia que aún coordino.

Acompañó a directores de distintas generaciones, siempre con una entrega ejemplar. Participó en varias obras de Víctor Hugo Rascón: Alucinada (1992) y El deseo (2005), dirigidas por Bruno Bert y Max Ferrá respectivamente. Además, en piezas de Vicente Leñero, Emilio Carballido, Sabina Berman y Jesús González Dávila, entre muchos otros. Espacios escénicos evocativos que construía con pocos elementos, echando mano muchas veces de la geometría. O también complejas propuestas que requerían de más mecánica teatral. Con su partida nos deja un hueco grande como formador de especialistas y el recuerdo de los fabulosos espacios escénicos que creó.

Este análisis forma parte del número 2413 de la edición impresa de Proceso, publicado el 29 de enero de 2023, cuya edición digital puede adquirir en este enlace. 

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