La relación de Adrián García Bogliano con el cine de terror viene desde los años ochenta, cuando era niño y sus padres le sembraron el gusto por las películas.
Hoy, el realizador ha encontrado en este género la columna vertebral de su trabajo, siendo su obra más reciente La exorcista, película que busca reformular los estereotipos través de la historia de Ofelia, una joven monja recién llegada al pueblo de Arquímedes que se ve forzada a practicar un exorcismo a una mujer embarazada después de que el sacerdote local es vencido por el demonio.
Hace unos días se dio a conocer una encuesta que ubicaba a El exorcista como la mejor película de terror de la historia. ¿No es demasiado pretencioso retomar un título muy parecido?
Sin duda es una de las mejores películas de terror de la historia. Cuando me trajeron la idea con el título en principio me pareció casi una herejía, pero lo cierto es que el exorcismo es el punto neurálgico de la película. Desde que se hizo El exorcista pocas veces los directores se han replanteado las reglas del género. En nuestro caso consideramos que darle el protagónico a una mujer no es un cambio menor, es algo muy profundo. En principio la Iglesia no permite que haya exorcistas mujeres, cuando ha habido mujeres que se enfrentan a demonios desde la institución religiosa son tratadas como histéricas, brujas o locas. También estaba el tema de la estructura: casi siempre el exorcismo está en la parte final de la historia y nosotros planteamos qué pasa después del exorcismo.
¿Cómo se actualiza el poder simbólico del exorcismo?
He estudiado el tema a lo largo de los años y en su gran mayoría las personas exorcizadas son mujeres. Me parece interesante revisar ese componente porque al final es el hombre quien interviene en el cuerpo de la mujer.
Has hecho varias películas de terror, ¿de dónde viene tu interés por este género?
Mis papás eran muy cinéfilos y durante los ochenta vi mucho cine de terror. Al pensar en dirigir descubrí que en Argentina el género no era muy respetado e incluso a finales de los noventa estaba medio extinto. Ahora la situación es diferente y buena parte de la crítica ha descubierto los valores que puede tener este tipo de cine.
El género se tuvo que readaptar justo a finales del siglo XX.
El terror es un reflejo de los medios que como sociedad tenemos. Algunos son muy profundos y constantes, pero otros son inquietudes que surgen de pronto. Por otro lado, es un género barato de producir y por lo mismo repitió la fórmula hasta el cansancio, ahora se busca incorporar otros elementos.
¿Las características del terror varían de acuerdo a la región?
Sí, cada región tiene sus particularidades y en México se ha cultivado mucho a partir de la cultura histórica, cuestiones relacionadas a lo religioso o a los fantasmas. Sucede algo parecido en Perú.
¿Cómo has conseguido tener continuidad en el género?
He podido moverme entre hacer un cine un poco más comercial, como esta película o las anteriores Juega conmigo o Sudor frío, con obras con un carácter más personal. Creo que el secreto, si es que lo hay, está en poderse mover entre distintos tipos de proyectos, pero sin dejar el terror.
¿El cine comercial supone algún tipo de concesión?
En el caso de La exorcista debo tuve absoluta libertad. Desde luego había que respetar las características del exorcismo y contar una historia que fuera una especie de montaña rusa. En el mejor de los sentidos es una historia más palomera, pero compleja. Después de todo, lo que uno siempre busca es que su trabajo llegue al público.
Stephen King dice que los mecanismos del terror reflejan los miedos de una época, ¿cuál es el poder simbólico del exorcismo hoy?
Sin querer caer en lo didáctico, creo que hoy tiene relación con la figura femenina. Me parecía importante revertir el discurso de la mujer enloquecida que necesitaba de la intervención de un hombre para salvarla. Creo que colocar a una mujer embarazada poseída pero rescatada por otra mujer es una idea muy fuerte y puede dar para al menos una plática de café después de ver la película.