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‘Los detractores de la escritura autobiográfica se terminarán con el tiempo’: César Tejeda

 ¿Es la autobiografía un ejercicio de honestidad o de narcisismo? ¿Por qué escribimos sobre nosotros mismos? Desde hace varios años César Tejeda (Ciudad de México, 1984), se ha dedicado a estudiar a un género literario que, si bien puede ser una proyección del ego, también funciona -cuando está bien hecho- para recorrer territorios espinosos personales o de menos para despertar el interés o morbo de los lectores.

Por medio de un conjunto de ensayos que ponen a dialogar un genuino interés por comprender a su familia con autores como Stefan Zweig, Augusto Monterroso, Rosario Castellanos, Mary Karr o Karl Ove Knausgard, Tejeda intenta excava en los posibles resortes que disparan este tipo de relatos. Hoy, varios de estos textos son los que dan forma a su nuevo libro La compulsión autobiográfica (Alacraña/UANL).

¿De dónde viene tu interés por la autobiografía?

Tenía ganas de escribir un libro que tuviera como centro Alcohólicos Anónimos (AA). Antes había escrito algunos textos sobre autores que escribieron autobiografía y que me interesaba verlos desde distintos lados. La idea se cerró cuando por un tema laboral tenía que escribir una especie de cuestionario para que me hicieran preguntas en un programa de televisión, tenía que preparar mi biografía en forma de preguntas. Cuando se me ocurrió la pregunta ¿de dónde surgió tu interés por la autobiografía?, fue un momento revelador. Lejos de encontrar la respuesta entendí cómo funciona el mecanismo autobiográfico. Al suponer las millones de cosas que me podrían llevar a escribir sobre mí, lo que más me gustó en términos literarios fue la posibilidad de haber heredado de mis padres el discurso autobiográfico. Mis padres son AA y en el grupo aprendes a introyectar el discurso de una manera muy ordenada. Mi interés por el tema viene de aprender a mis padres, de escucharlos hablar de sí mismos.

Pese a que es algo muy natural preguntarse, ‘¿de dónde vienen mis padres?’, la autobiografía suele ser un género visto como ombliguista.

Los detractores de la escritura autobiográfica se terminarán con el tiempo. Para el cerebro es más o menos lo mismo imaginar que recordar, pero ese es un descubrimiento de este siglo. Antes se creía que  la memoria tenía una función distinta a la imaginación. Había escritores que consideraban que apelar a la imaginación era más potente para la escritura y por eso no iban al pasado sino a proyecciones imaginarias. Creo que ese el el fundamento de los detractores de la autobiografía, la consideran carente de imaginación cuando en realidad es un principio neurológico equivocado. Pero, recordemos, eso se descubrió apenas. Hoy ya que sabemos que recordar es imaginar.

Sin embargo, tu forma de entender la autobiografía implica un ejercicio más meditado.

Creo que el principio fundamental de la escritura autobiográfica es que los géneros literarios transforman la vida. El cuento, la novela y la poesía tienen ciertas formas, cuando quieres novelar tu vida, la transformas con herramientas de la narrativa. Las memorias tradicionales parten del primer recuerdo, pero son aburridas porque son carentes de tensión y caprichosas. Con mucha humildad he intentado utilizar mi conocimiento de la narrativa para contar mi vida.

¿Hasta dónde la memoria puede ser útil y hasta dónde la preocupación por ser fiel a esa memoria puede jugar en contra?

Hay que partir del hecho de que no tienes que ser fiel a la memoria. Un ejercicio que me gusta es escribir un recuerdo, guardarlo en un cajón y no acudir a él. Un año después al escribir el mismo recuerdo y veremos que es diferente. Todo lo que tenga que ver con desconfiar o traicionar a la es más interesante y funciona como herramienta creativa. La escritura autobiográfica le da preponderancia al texto sobre la memoria.

¿Se vale hacer ficción de la memoria?

Un tema polémico en la escritura autobiográfica es la diferencia entre autobiografía y autoficción.  Si partimos del hecho de que nuestros recuerdos son falsos, si pensamos en todos los descubrimientos sobre la memoria durante el siglo XX, es decir, el inconsciente, los recuerdos inducidos, los falsos… Me gusta pensar en que el eje de la escritura autobiográfica no gira entre ficción y no ficción, sino entre los escritores que tratan de constatar el pasado por medio de herramientas documentales y los escritores que aparentan confiar en su memoria, ese es el verdadero debate.

Parte de ese debate tiene que ver con algo muy humano: la curiosidad y el morbo.

Sí. Un ejemplo son las memorias de Rigoberta Menchú, no las escribió ella sino una escritora, sin embargo, un hubo un antropólogo que se encargó de desmenuzar lo que consideraba que cierto y lo que no, ese fue su proyecto de doctorado. Preguntarle a un autor si algo es verdad o no respecto a un texto autorreferencial tiene más que ver con el orden político o el chisme, que con lo literario.

¿Por qué nos mueve tanto el morbo?

Escuché alguna vez que el chisme es un elemento cohesionador de la sociedad, te provoca e interés en la vida de alguien que en realidad no te interesaría. Biológicamente somos tendientes al chisme.

El centro de gravedad del libro fueron tus padres AA. Al terminar de dialogar y revisar a otros autores, el texto se desplazó hacia otros sitios.  

A pesar de que es un libro breve, me tomo cinco años escribirlo. El proceso lo hice de la mano de Abril Castillo, la editora. Me guió y discutió conmigo cada uno de los ensayos. En realidad, algunos se transformaron debido a su punto de vista. Ahora quién sabe a dónde vaya, pero quiero despegarme de la autobiografía, me gustaría obsesionarme con otra cosa.

¿Se puede? El proyecto literario de la Nobel Annie Ernaux gira alrededor de sus historias y vivencias, hay mucha ficción, pero no deja de tener un centro de gravedad muy personal.

No lo sé. En la pandemia empecé a escribir guiones y eso me ayudó a apoyarme más en lo que denominamos ficción, aunque es verdad que siempre le pones algo de ti a los personajes. Estoy un poco aburrido de la autobiografía y sin deseo no hay escritura.

¿Te aburres de escribir de ti mismo?

Me cansé de plantear proyectos que tengan que ver directamente con mi vida, no lo sé, igual y mañana me despierto con una idea que me parece muy buena y me siento a escribir otro proyecto autobiográfico, pero por lo menos a nivel consciente estoy tratando de atender hacia otros lados. Ahora me estoy clavando en un proyecto de novela.

¿Sabes identificar cuando un autor en una autobiografía o autoficción hace trampa, es decir que no hizo realmente un ejercicio personal?

Hay buenos ejemplos de eso. Al final no me dio tiempo, pero en libro me hubiera gustado incluir un texto comparativo de las memorias de José Vasconcelos y las de Jaime Torres Bodet. Ambos han formado parte de la vida política de México y son dos de nuestros grandes autobiógrafos. Sin embargo, tanto Ulises criollo como El desastre, de Vasconcelos, me parecen ejercicios de honestidad completamente desbordada, tal vez porque los comenzó a escribir cuando se había retirado de la vida pública. En cambio, Torres Boden escribió sus memorias mientras ejercía cargos, tal vez por eso se cuidó mucho. Una diferencia importante es el cuidado que uno tiene de su vida pública.

Algo que predomina en México, ¿no?

Cada vez son más a quienes no les importa, pero es verdad que ese pudor dominó la segunda mitad del siglo XX. Entre nuestros escritores, mis favoritos al hacer autobiografía son Rosario Castellanos y Jorge Ibargüengoitia. México ha pecado de pudor, por lo menos de la segunda mitad del siglo XX. Sin embargo, en la última década varios de los libros con mayor resonancia son autobiográficos y de autores como Emiliano Monge, Guadalupe Nettel, Julián Herbert y Cristina Rivera Garza.

No tengo idea, en el momento en que los escritores comenzaron a escribir sobre periodos de su vida más precisos de una manera honesta, consiguieron textos mucho más interesantes. Todavía está por verse si es una moda editorial o no.

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