Dentro del cine mexicano, El Poderoso Victoria es un caso de excepción. A pesar de ser rechazada para los estímulos que entrega el Instituto Mexicano de Cinematografía, la ópera prima del tapatío Raúl Ramón cuenta con las actuaciones intérpretes como de Damián Alcázar, Joaquín Cosío y Luis Felipe Tovar.
Ambientada en 1936, la película cuenta la historia de los habitantes de La Esperanza, un pueblo perdido en el desierto que un mal día recibe la noticia del cierre de la mina que aporta la mayoría sus ingresos. Con la medida clausuran también su única ruta ferroviaria, en reacción Durán, un joven maquinista decide construir junto con el resto de los habitantes del poblado, una máquina de vapor y con ello cumplir un viejo sueño.
A fuerza de un guion con más de diez años de trabajo y de “mucho corazón”, la cinta de Raúl Ramón película llega a más de cien salas a nivel nacional.
Tengo la impresión de que El Poderoso Victoria es una película que tiene su origen en la infancia y el gusto por el cine de aventuras.
Así es, soy de Hermosillo y en la parte de atrás del patio de mi casa estaban las dunas del desierto de Sonora. El único atractivo que entonces me podía ofrecer mi papá era llevarme a contar los vagones del ferrocarril, de modo que sí hay una parte muy autobiográfica.
Sonora es un estado con una importante tradición ferroviaria.
Claro, en la primaria conocí la historia del héroe de Nacozari. En Sonora claramente hay una vocación ferrocarrilera y me parece hermoso que esta comunidad se volcara hacia la película y nos diera una docena de reconocimientos.
Hoy los trenes son prácticamente inexistentes, ¿hay un componente de nostalgia en este trabajo?
Uno como guionista o director lo que busca es emocionar al espectador y me parece que la cultura ferrocarrilera del país está muy desaprovechada. Creo que esta es la tercera película dedicada al tren en México. La primera es El tren fantasma, una película silente; la segunda es Viento negro, de la época de ora; y apenas ahora Poderoso Victoria, le vuelve a hacer justicia.
Actúan Damián Alcázar y Joaquín Cosío, ¿cómo se consigue un reparto con este cartel para una primera película?
Creo que el guion es sólido y tuve la oportunidad de tallerearlo con Vicente Leñero durante diez semanas. Soy pésimo vendedor y fue mi esposa Fabiola, quien se sentó a platicar con Damián Alcázar, quien creo que al menos se merece una nominación al Ariel como Mejor Actor. Quizá también les pareció interesante que es una película que avanza en dirección contraria a lo que se hace en la mayoría del cine mexicano.
En principio el papel que interpreta Damián Alcázar lo iba a hacer Fernando Luján…
Sí, él había aceptado gustoso, pero murió en enero de 2019, eso nos puso en un predicamento porque necesitábamos filmar entre marzo y abril. Gracias a las gestiones de mi director de casting, Paulino Partida, Damián recibió el guion. Tuvimos la fortuna de encontrárnoslo en el Festival de Cine de Guadalajara, mi esposa platicó con él y encontraron la manera de que participara en el proyecto.
¿Cómo resolviste hacer una película de época con pocos recursos?
Todos nuestros recursos los pusimos al frente de la cámara. Sufrimos muchas incomodidades, no teníamos aire acondicionado, ni grúas, ni helicópteros, se lo comenté al equipo y todos le entraron. El Poderoso Victoria se hizo con mucho corazón.
La película rinde homenaje a géneros como el western.
Mi formación es como fotógrafo y de alguna forma El Poderoso Victoria es un reflejo del tipo de cine que me gusta y del tipo de persona que soy. Me encanta el cine italiano, el de Spielberg y Robert Zemeckis, pero también el Correcaminos, así que todo eso está presente.
La película tiene un pie en el cine de autor y el comercial, ¿qué piensas de la división entre uno y otro?
Creo que todo el cine es arte, incluyendo el porno, lo que sucede es que está hecho por personas con un acervo cultural limitado. Con El Poderoso Victoria, quería hacer una película profundamente mexicana y pensada en la audiencia.
¿El IMCINE se dará de topes por no haber apoyado tu película?
El IMCINE no se da de topes nunca. Nos ha quedado a deber mucho en materia de descentralización y defensa de los recursos. Me parece que la gente que hace cine fuera de la ciudad de México tiene mucho mérito. Últimamente me han buscado y se han ofrecido acompañarme a los festivales, pero lo cierto es que se puede filmar fuera de la capital y si tenemos buenas historias captaremos al público.