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El dilema del PRI en el Estado de México | Artículo

“De los políticos en escena nos gusta creer que ‘esconden
su juego’: es suponerles demasiado; la mayoría ni lo tiene”

Entendido como la “habilidad o astucia para conseguir algo”, el juego por la definición de la candidatura del PRI a la gubernatura del Estado de México es de tres. Tres aspirantes muy competitivas, no dos como suponen muchos analistas y la mayoría de las encuestadoras ajenas a la política local: Laura Barrera Fortoul, Alejandra del Moral Vela y Ana Lilia Herrera Anzaldo.

Lo más probable es que una de ellas sea la candidata de la coalición de los partidos de la alianza “Va por México”, si se concreta; o únicamente del PRI con un probable aliado de último momento, si la “coalición opositora” del PAN, el PRI y el PRD no va en el Estado de México. El dirigente local del PVEM ha dicho que, como cuarta fuerza electoral en el estado, podrían ir solos en este proceso. Este último es un dato muy relevante para el PRI al definir su estrategia en esta elección.

También es un juego con tres factores reales de poder en el estado (el gobernador y dos exgobernadores) y un proceso en el que el PRI deberá decidir entre tres posibles estrategias: buscar el refrendo de la confianza de la ciudadanía en el partido, con una candidatura priista que no se presente como antisistema, pero que sí pueda ofrecer al electorado una oferta creíble de cambio; apostar por el continuismo con una aspirante que se percibe como “la candidata del gobernador”; o ir en una coalición ‘opositora’, a cualquier costo, con una abanderada que se presente como la “candidata de la sociedad”, y por ende del cambio, aunque esto resulte poco creíble para el electorado que vota por la alternancia. Tres alternativas y una posible candidata para cada una de ellas.

La más que adelantada y cantada definición de Morena respecto de la candidatura de Delfina Gómez Álvarez fue un catalizador de los procesos en los otros partidos. Los aspirantes del PAN, del PRD y de Movimiento Ciudadano reaccionaron intempestivamente y aceleraron su activismo de cara a la definición de las candidaturas en sus partidos.

Al igual que a la morenista, la precipitación los puede colocar ante el riesgo de incurrir en actos anticipados de precampaña o de campaña. Basta con ver el acto proselitista del aspirante del PAN, Enrique Vargas del Villar, el fin de semana pasado, y compararlo con el de Morena en Toluca, hace unas semanas. El doble discurso del PAN sobre el tema de los actos anticipados de campaña salió a relucir muy pronto. El búmeran lanzado al denunciar a Morena por el acto de Toluca tarde o temprano regresará a quien lo lanzó. El mismo riesgo correría cualquiera de las aspirantes del PRI que tomara ese camino.

Aunque se insista que la reacción -y sobre todo las acciones- del aspirante panista no ponen en riesgo la coalición electoral de los partidos de “Va por México” en el estado, su activismo ha dejado claro que el PAN y el PRI podrían enfrentar grandes dificultades para concretar la coalición si el panista no acepta un acuerdo desfavorable a su pretensión de ser él el candidato de la alianza, aún al costo de que no haya coalición con el PRI.

En lo que parecían ser solo fuegos artificiales, Enrique Vargas del Villar había declarado que el PAN “está preparado para ir solo”. Con el endoso de la decisión de ir o no en coalición que hizo en su favor el domingo pasado el presidente nacional del PAN, las negociaciones para concretar la coalición sin duda se dificultarán. Por ahora los movimientos que intenta el aspirante del PRD no parecen poner en riesgo el proceso de construcción de la coalición electoral. La definición está solo en las canchas del PAN y del PRI.

Las encuestas muestran que Morena, con su adelantada y muy cuestionable candidata, es muy competitivo. En casi todas le dan una ventaja de al menos diez puntos porcentuales sobre cualquier candidatura abanderada por “Va por México” y, si el PAN y el PRI fueran por separado, una ventaja de dos a uno sobre cualquiera de las dos aspirantes priistas que hasta ahora están midiendo la mayoría de las encuestas (del Moral y Herrera) o sobre el aspirante panista.

Pero no hay que olvidar que estamos a más de nueve meses de la elección y que aún falta mucho por suceder. Aunque muchos analistas dan por descontado el triunfo de Morena, aún si enfrentara una alianza tripartita, nada está definido. Si no se concreta la coalición y el PRI va solo, o únicamente con un aliado de último momento, y su estrategia fuera buscar el refrendo de la confianza del electorado en el PRI, sin apostar por el continuismo, cualquiera de las aspirantes priistas, pero sobre todo la que no está siendo medida por la mayoría de las encuestas, Laura Barrera Fortoul, podría dar la sorpresa en la elección constitucional del cuatro de junio de 2023.

La forma en la que se han resuelto las tres últimas elecciones a la gubernatura en el Estado de México y los resultados de las elecciones locales en 2021 permiten poner en perspectiva un escenario en el que hubiera un resultado muy cerrado entre la candidata del PRI y la de Morena, aún si el PRI no fuera en coalición con el PAN y el PRD. Los 5 puntos porcentuales del PVEM, que podría no ir en coalición electoral con Morena, y los casi 10 puntos porcentuales emitidos en 2021 por otros partidos -uno local y tres federales que desaparecieron el año pasado- pueden marcar la diferencia.

En el ciclo electoral 2018-2022 hay una consistente tendencia a la alternancia en el poder y el electorado evalúa si la oferta de cambio es real o no. Si atendemos a los resultados de las elecciones locales en 2021 y 2022, la conclusión es clara: cuando la estrategia de “Va por México” ha sido ir en una “alianza opositora” como alternativa al gobierno en turno, en una coalición en la que participa el partido en el poder, en 13 de 15 elecciones no ha convencido a la mayoría del electorado.

Los aliancistas sobredimensionan la importancia de la coalición electoral en los comicios del Estado de México. Su estrategia de presentarse como una “coalición opositora” en la que el partido en el poder es actor principal fracasó en trece estados en 2021 y 2022. Los resultados electorales de “Va por México” en las elecciones para las gubernaturas no avalan el exagerado peso que se le da a la alianza entre PAN, PRI y PRD para las elecciones de 2023. De los quince estados en los que compitieron por las gubernaturas solo triunfaron en dos: Aguascalientes y Durango.

En Aguascalientes, con un gobernador panista bien calificado, y una candidata designada por el PAN, la pretendida “alianza opositora” ganó porque se presentó como una opción de continuidad a un buen gobierno, no como una alternativa al partido en el poder. En Durango, con un gobernador panista mal evaluado, la opción de un candidato propuesto por el PRI, es decir, por un partido distinto al que gobernaba, resultó convincente como opción para la alternancia, en muy buena medida gracias al perfil del candidato. En ningún caso dio resultado la apuesta por el continuismo o una pretendida candidatura ‘opositora’, que presumía de ser “cercana a la gente”, pero que provenía del partido en el poder.

Salvo en los dos casos señalados, a la mayoría del electorado no le ha convencido la poco creíble oferta de una coalición electoral que dice ir por el cambio, pero en el que participa el partido gobernante. Con las dos excepciones ya explicadas, donde “Va por México” se ha presentado al electorado como una “alianza opositora”, que busca la “alternancia desde el poder”, no ha obtenido buenos resultados. El discurso ha sido poco creíble y el electorado ha decidido votar por partidos a los que percibió como una verdadera alternativa de cambio (Morena, Movimiento Ciudadano o PVEM).

Tal vez eso explique, en alguna medida, por qué el PAN decidió no ir con la coalición “Va por México” en Chihuahua y Querétaro. En ambos casos el PAN apostó por una oferta de continuidad, que no de continuismo, con un perfil de las candidaturas que no era el de “candidatos del gobernador”. Su estrategia fue no presentarse en una alianza, con la poco convincente pretensión de ser una opción para la alternancia en el poder, y tuvo éxito. Ante la tendencia general a la alternancia, en esos dos estados y en cierta medida en Aguascalientes, el PAN acertó al elegir una estrategia en la que se presentó como una buena opción para la continuidad de un gobierno que dio resultados y no con una poco creíble “alianza opositora” que representaba la opción para la alternancia y el cambio.

En el Estado de México, todo indica que en el PRI seguirán con su plan original; lo que parece ser la mejor opción para ellos. En primer lugar, estarán intentando lograr una candidatura de unidad y, sobre todo, seleccionar a la más competitiva de las tres aspirantes, sin supeditar la definición de la candidatura a la formación de la coalición electoral. Un elemento central para medir la competitividad debiera ser que el perfil de la candidata sea consistente con la estrategia que definan para enfrentar una elección con un alto nivel de complejidad.

Para decidir quién será su candidata, el PRI debiera definir primero su estrategia. ¿Buscarán la “alianza opositora” con el PAN y el PRD a cualquier costo, con una propuesta de cambio poco creíble y escasamente convincente para el electorado, para disputarle la agenda de la alternancia a Morena y a Movimiento Ciudadano, a pesar de que esta ha sido una estrategia poco eficaz a juzgar por los resultados de 2021 y 2022? ¿O apostarán por ir solos, o con un aliado de último momento, sin descartar la posibilidad de que si el PVEM decide ir con su propio candidato, este decline a favor de la candidata del PRI en la víspera de la elección? Esta última alternativa requeriría abandonar la opción de una abanderada priista que se presente como “la candidata de la sociedad” y postular a una candidata más cercana al priismo, pero que no represente el continuismo.

La posibilidad de que el PRI logre llevar a la gubernatura a su candidata depende menos de que se concrete la coalición PAN-PRI-PRD, que de estos otros dos factores: que elija la mejor estrategia para enfrentar a Morena y a su candidata, quien por ahora es vista por quienes quieren un cambio como la opción para la alternancia, y que postule a la candidata adecuada para la estrategia que defina.

* Filósofo y escritor francés. Colaboró con Fidel Castro y con
Ernesto “Che” Guevara. Fue consejero político del presidente
Mitterrand. Formó parte del Consejo de Estado en Francia

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