El cineasta mexicano Guillermo del Toro se consolida una vez más como uno de los realizadores más originales y creativos de los últimos años. Su nueva película, Pinocho ha conquistado los máximos reconocimientos a los que puede aspirar una cinta animada.
¿Quieres descubrir cómo fue el proceso creativo de la historia basada en el relato clásico de Carlo Collodi y ganadora del premio Oscar? Descúbrelo en el libro Pinocho. Una historia atemporal contada por Guillermo del Toro, escrito por Gina Mcintyre y editado por el sello Trilce y la Universidad de Guadalajara.
A continuación, y con autorización de editorial Trilce reproducimos el prólogo escrito por el propio cineasta.
“Es difícil explicar por qué la historia de Pinocho me resulta tan personal. Mi vida está basada en dos mitos esenciales: Frankenstein y Pinocho. Ambas son historias sobre la relación entre padres e hijos.
Ambas tratan sobre seres extraños que aprenden a navegar por los caminos del mundo en busca de su propia humanidad.
Eso, en pocas palabras (o en una semilla), es la historia de mi vida.
A los 57 años, creo, más que nunca, que existimos sólo para realizar cambios pequeños y graduales en favor de aquellos que vendrán después de nosotros. Para limpiar este desastre, al menos un poco. Y puesto que nuestra vida es corta, es también valiosa e importante, no en un sentido grandilocuente, sino en el sentido de las ondas cósmicas.
Esa es la esencia de la historia que quería contar, la historia de un niño de madera que se niega a traicionarse, a pesar de todas las cosas que los adultos y “los que saben” le repiten todo el tiempo. Y al negarse a cambiar, cambia a todos los que le rodean.
Esa es la relación que establecemos con el mundo y con nosotros mismos, y es esa nuestra esencia: de la desobediencia nace el pensamiento; la imperfección es una virtud, y no hay peor mentira que mentirnos a nosotros mismos.
Esto, sumado a otros ajustes temáticos, hace que nuestra película sea la antítesis de las versiones de Pinocho que nos han precedido. Y eso fue lo que valió la pena: decirle al mundo que creamos y moldeamos a nuestros hijos a nuestra propia y estropeada imagen, en lugar de permitir que sus propios trazos nos revelen quiénes son.
Por esta razón, sabía que no quería que Pinocho se transformara en un niño de carne y hueso; mi única intención era que él le enseñara al mundo a verlo como un ser único.
Para mí, todo empezó con el diseño elegante de Gris Grimly para el personaje de Pinocho. Cuando lo vi, supe que era posible volver a contar la historia.
Tal y como se relata en este volumen, intentamos hacer esta película… ¡dos veces!
Fracasamos en la primera versión, en la que Gris iba a debutar como director. Matthew Robbins y yo estábamos coescribiendo la historia; y yo, además, coproducía con la compañía de Jim Henson… ¡Terminó en desastre!
Y, luego, casi volvimos a fracasar, conmigo ahora al mando, después de reescribir el guion con Patrick McHale, a quien conocía y admiraba infinitamente gracias a su brillante serie Más allá del jardín.
En ambas versiones, en distintos momentos, contamos con el apoyo del fabuloso Mark Gustafson —sí, ese Mark, de fama mítica en el mundo de la animación, y que codirigió esta película conmigo. A Mark le dejé en claro que no se trataba solamente de codirigir la animación: lo quería como un socio creativo sin restricciones, con el crédito correspondiente. En unos cuantos años, nuestro instinto se fusionó en un noventa y ocho por ciento: el dos por ciento restante hecho de algunas divergencias provocó —a mi juicio— una valiosa colaboración, en armonía.
Mi versión obtuvo la misma tasa de rechazo que la versión anterior de Gris, a pesar de que habíamos ajustado todos los personajes, todo el concepto del diseño y la paleta de colores, y la historia ahora estaba incrustada en mis huesos católicos y mi corazón pagano… Los estudios nos rechazaron.
Entonces, ¿cómo fue que hicimos la película? Pues… Netflix apareció cuando estábamos a punto de tirar la toalla; eran nuestra última y única esperanza. Nuestra colaboración de años atrás (alrededor de ocho) en la creación de las historias del mundo de Arcadia —entre ellas Trollhunters, 3Below, Magos y El despertar de los titanes — había sido perfecta. Así que busqué a Ted Sarandos para venderle la idea.
El equipo que formamos fue extraordinario, gracias a nuestro tercer asociado para Magos, Alex Bulkley, y su estudio de animación con sede en Oregón, ShadowMachine; cada persona involucrada en el proyecto resultó ser excepcional. Al mismo tiempo, pudimos ayudar en la creación y el sostén de un nuevo estudio de stop-motion en mi ciudad natal, Guadalajara, México, llamado El Taller del Chucho. Ahí reunimos a los mejores animadores de stop-motion para que aportaran su conocimiento técnico y artístico en una parte importante de la película.
Empoderamos a todos los animadores —en Portland y en México— como si fueran actores. Rehuimos el preciosismo, sin dejar de luchar por el virtuosismo. Lejos de la pantomima, buscábamos microgestos —esos actos fallidos y momentos desconcertantes propios de la vida. Queríamos infundir en cada muñeco un alma, dotarles de un ánima. Queríamos ‘animar’ a nuestros personajes: convertirlos en seres humanos vivos y reales.
Exactamente como la historia de Pinocho.
Aquí presentamos una pequeña muestra de nuestro esfuerzo, con la intención de enaltecer el aporte de todos los involucrados en esta película. Hemos dado nuestro máximo esfuerzo con tal de crear belleza y emoción. Trabajamos sin descanso durante más de quince años —tres de ellos en la producción— para contar esta historia que seguramente crees que conoces.