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“Los cuidados de las mujeres aportan al Estado personas alimentadas y aptas para consumir”: Daniela Rea

Para llegar a donde estamos todos hemos recibido algún tipo de cuidado, casi todos nos lo han propiciado las mujeres. ¿En qué condiciones una madre cuida a su hijo? ¿A qué problemas se enfrenta una abuela se que pronto se tiene que hacer cargo de sus nietos? ¿Cómo hace una persona para cuidar a un enfermo y aparte seguir con su vida cotidiana?

En Fruto (Antílope), la periodista Daniela Rea (Irapuato, 1982), presenta el testimonio de su madre, junto con otro grupo de mujeres para revisar las implicaciones del proceso de crianza, no solamente de los hijos, dentro de un país que se resiste a crear instituciones que mejoren las condiciones en que realizar en este trabajo.

Si bien el libro plantea la denuncia pública de un conjunto de violencias cotidianas, lo cierto es que también se puede leer como un abrazo que acompaña a toda aquella que se identifique con lo que aquí se cuenta.

Fruto es un libro que nace de tu experiencia, pero se teje con la de otras mujeres, ¿por qué hacerlo de esta manera?

De alguna forma nace con el nacimiento de mi hija y del reclamo que la sociedad nos hace para cuidar e inculcar valores, a pesar de que nos dejan solas. Durante el proceso de escuchar a las otras mujeres transmutó en un abrazo no sólo para quienes están ahí, sino para aquellas que se sienten reflejadas con las historias y que han tenido procesos de crianza o de cuidados a otras personas como familiares muy solitarios. Es un libro que transita del reclamo de abandono a un Estado, un mercado y una sociedad incapaces de genera estructuras de apoyo, a un abrazo a quienes hemos cuidado en estas condiciones. El hilo con que se teje está constituido por la voz de mi mamá, mis entrevistadas, las de las mujeres que leo, la de mis hijas y la mía propia.

Tú tienes claro que se han normalizado conductas masculinas o institucionales que son violentas hacia la mujer, pero ¿cómo hacérselo ver a alguien que no tiene esa conciencia?

La lectura con atención de estas historias, así como escuchar a muchas otras mujeres puede ayudarnos a no normalizar. Fruto, no es sólo un libro de maternidad, sino de mujeres que cuidan.  Observar las condiciones en las que lo hacen debería ser suficiente para tener conciencia. No se trata de ser cínicos porque todos nos beneficiamos de los cuidados, no sólo resuelven la vida, también fortalece a los Estados porque gracias al cuidado mandamos al mercado a personas alimentadas, aptas para trabajar y consumir. Nadie quiere perder estos beneficios y leer estas historias implica ponernos a pensar en cuál es nuestro lugar en el mundo. Me parece que el libro pone en evidencia muchas formas de violencia contra la mujer.

Claro, porque ellas son cuidadoras, pero a su vez se tienen que cuidar de un contexto opresivo.

Así es y la responsabilidad para salir de este contexto opresor no tendría que ser sólo de ellas. Uno de los propósitos del libro es hacernos pensar en cuál es nuestro papel dentro de estos procesos de cuidados, en cómo podemos ser recíprocas o recíprocos, cómo podemos ser responsables en nuestras formas de cuidar a otras personas. Ninguna historia es individual. Si tú y yo estamos ahora platicando, es porque alguien nos cuidó lo mejor que pudo dentro de sus circunstancias personales. Hablo de las mujeres porque sabemos, estadisticamente, que este tipo de trabajo ha recaído en su mayoría en las mujeres.

El libro muestra la importancia del contexto en que se hace el cuidado, si muchas mujeres sienten que no han cumplido las expectativas la razón está en sus propias circunstancias.

Además de cargar con los cuidados me parece injusto delegarles las culpas, por eso el libro transitó hacia un reclamo sobre el abandono en que las tenemos. Hace falta que nos reflejemos y conozcamos en estas historias, incluso para volver con las personas que nos cuidaron con un agradecimiento mayor. Antes de Fruto, publiqué en Tsunami, un libro coordinado por Gaby Jáuregui, ‘Mientras ellas duermen’, un fragmento del diario sobre mi experiencia como madre y me resultó curioso ver cómo otras mujeres a través de ese texto se habían podido asomar a la historia de su mamá desde otro lugar. Espero que este libro sea un paso para sanar las culpas.

¿Qué tipo de veintes te cayeron al ver a tu mamá como personaje y al escribir el diario de tu experiencia como madre?

Nunca he hecho ficción, pero mientras escribía la historia de mi mamá entendí a muchas cuando dicen que se les rebeló el personaje. Aunque mi mamá confió en mí y se dejó entrevistar para contarme su historia también se rebelaba a ello y cuestionaba la forma en que miraba su historia. Me enseñó que por más intentos genuinos para que ella viera su historia de manera más crítica, no podía decirle cómo debería ver la vida o vivir su experiencia, y eso es algo que quise mantener a lo largo de todo el libro. No intento aleccionar a nadie, pero sí de situar cada testimonio en su contexto particular. Entender todo esto me ayudó a fortalecer la idea de acompañar y demostrar que no estamos solos.

¿Aspiras a que tu libro también sea leído por hombres para que así caigamos en cuenta de las violencias que ejercemos de manera consciente o inconsciente?

Claro, me gustaría que lo leyeran porque necesitan entrarle al quite. Ojalá Fruto los motive a entender su lugar en el mundo, en todas las historias que cuento hay violencia y no es justo que nos permitamos seguir viviendo así. Me gustaría no solo hicieran un reconocimiento de las violencias, sino de lo que pueden aportar para encontrar un lugar común y mejorar las cosas.

En Fruto también hablas de las deudas en términos de política pública respecto al tema.

Así es, hago un breve recuento de cómo cuando se legislaron las leyes laborales en este país nunca se consideró el trabajo de los cuidados y cuánto representa en términos de Producto Interno Bruto. Hay una mención de la creación del Sistema Nacional de Cuidados, aunque hasta ahora no tiene una operatividad ni recursos, y esto se debe a que se asume que esta actividad la haremos las mujeres, porque las mujeres no pueden no cuidar a sus hijos ni esperar a que funcionen las instituciones. Los sistemas de guarderías van y vienen, las escuelas de tiempo completo lo mismo, los espacios para los adultos mayores están condiciones paupérrimas. ¿Cómo podrás cuidar a alguien si tienes una jornada laboral de diez horas más cuatro de transporte? Hay esfuerzos muy intermitentes, pero la realidad es que no podemos esperar y tampoco a sociedad debe dejar ver este tipo de carencias.

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